Hay
quién quiere cambiarse de familia porque no se lleva bien con ella. Mi familia
es de locos, pero yo solo cambiaría a mi abuela, que entre ustedes y yo, ella a
veces me da miedo. No hay peor terror para un niño que el que te despierte tu
abuela a media noche con un parche en el ojo y un garfio en lugar de mano.
Claro que eso si el niño es muy imaginativo. Yo lo soy. Yo quiero a mi familia,
por muy loca que esté. De eso no cabe duda. Mi madre se llama Kaeth. Kaeth
Marie Highmore. 32 años. Una rubia muy guapa y que siempre hace lo que sea para
proteger a mis hermanos y a mí. Para mí, es la mejor madre del mundo, aunque
siempre me castigue encerrándome en mi habitación. Trabaja de enfermera en un hospital,
aunque pocos datos sé sobre su trabajo. Muy perfeccionista. Demasiado diría yo.
En ese aspecto yo salgo a ella. Mi padre se llama Arthur Christopher Lattier. Tiene
34 años y es súper enrollado. Tiene el mejor trabajo del mundo: es pastelero y el
dueño de una chocolatería en el centro de Londres, a pocas manzanas de nuestro
barrio, en la cual hace las mejores tartas de queso del mundo a precios
asequibles para todos. Podéis entrar si la veis. Yo a veces incluso atiendo a los
clientes cuando mi padre no puede. Por si os interesa, la chocolatería se llama
"Lattier's Candy". La tienda tiene un dulce olor a chocolate todo el
rato, que incluso podréis oler si os encontráis al otro lado de la calle.
Somos tres hermanos. Yo, Freddie Thomas Highmore,
soy el mayor, y mi hermana, Rachel Daisey Highmore, es la menor. Tiene 8 años y
medio años. Es una chica muy simpática, guapa y linda. Cabello largo, ondulado
y castaño. Ambos tenemos el mismo color de ojos: celeste. No os dejéis engañar
por su edad, pues es una chica sumamente lista. Pero por muy lista que sea,
tiene sangre Highmore, por lo que tampoco se libra de los odiosos castigos de
mi madre. Mi hermano es el mejor hermano del mundo. Se llama Samuel Alexandre,
y además de hermano es mi mejor amigo, mi confidente, mi alma gemela... Jamás
le fallaría, y él a mí tampoco. Pensamos igual, actuamos igual, nos ayudamos
continuamente, no nos guardamos secretos... Él es un año y ocho meses mayor que
mi hermana y un año y dos meses menor que yo. Tiene 10 años. Aunque a pesar de
ser menor, es más alto que yo. Yo me parezco más a mi hermana. Por ejemplo, mi
hermano tiene el pelo muy corto y negro, yo en cambio no tengo el pelo tan
corto. Suelo llevarlo de punta. Originalmente es castaño, aunque me gusta
teñírmelo de rubio a veces. No lo llevo así permanente, pero me gusta cambiar.
¿Ahora? Ahora es rubio. Otra cosa que nos diferencia, además de la estatura, es
que yo estoy mucho más delgado que él. Él no está gordo, soy yo el que está
encanijado. Creo que son por las glándulas tironosequé. O por los huesos
quizás. El caso es que es una ventaja, porque al estar más canijo, soy más
ligero a la hora de moverme. También nos diferenciamos en los ojos. Él tiene
los ojos grises, pero no me refiero a eso. Mis ojos son más redonditos y sus
ojos son rajados. ¿Hay algo en que nos parezcamos? En la nariz.
Por último está el Capitán Garfio, alias
"abuela". O lo que es peor, "MI abuela". Se llama Angela
Lauren Matthews, y da mucho, mucho miedo cuando se enfada. Es muy estricta, muy
perfeccionista, muy mandona y siempre tiene cara de ogro. Aunque por desgracia
eso solo lo veo yo, porque su cara real siempre está tapada con maquillajes y
potingues feroces, y al final todos ven en ella a una dulce abuelita inocente. ¡Ja!
Una vez le dije "abuelita, qué dientes más grandes tienes", pero me
escondí rápido dentro del mueble de la entrada, porque debajo de una abuelita
siempre hay un lobo, y todas esperan con ansias esa frase para hincarte el
diente.
Mi abuelo materno, esposo del Capitán Garfio,
murió cuando yo solo tenía un año. Desconozco la causa, aunque estoy convencido
que fue por un ataque de locura del Capitán. Se le fue el garfio y ¡zasca! Mis
padres solo me decían que era muy bueno y que me quería mucho. ¿La verdad? Le
conocí, pero no le recuerdo. Podríamos decir que él me conoció a mí. Pero sí, a
veces le echo de menos. A veces deseo que baje del cielo, aunque sea por un
instante, y me dé un abrazo. Se llamaba Alfred, lo cual podéis deducir que
Fred, alias Freddie, viene de ese nombre. Ahora ya conocéis mi verdadero nombre.
Es horrendo, lo odio. No por nada me llaman Freddie. Pero aun así estoy
orgulloso de hacer honor a mi abuelo de esa forma.
En mi familia tenemos una costumbre, y es que
cuando sucede algún evento importante, nos reunimos todos en el salón a hablar
sobre ello. Es una idea originariamente de mi madre, pero que ya se ha
convertido en una tradición y todos hacemos uso de ello. Nunca se cuenta nada
sin que esté toda la familia reunida. Incluso mi abuela, que, sin ser invitada,
siempre aparece de imprevisto en estas reuniones. Parece que las huele...
Sin duda alguna, y no lo podéis negar, esta
situación incómoda de la carta era una reunión familiar, como bien especificó
mi madre cuando entró en mi habitación. Yo ya había terminado de leer la carta,
por lo que pasé mi mirada desconcertada de mi madre a mi padre, luego a mi
abuela, y por último a mis hermanos. No sabía por qué, o era una broma, o me
iban a mandar al dentista otra vez en base a una mentira, porque dudaba que
aquí en Inglaterra hubiera un reformatorio para menores de magia y hechicería.
Y si lo había, ¡EL MUNDO SE HABÍA VUELTO LOCO!
-¡Freddie! -dijo mi hermano emocionado-.
¡Somos magos!
Terremoto
otra vez.
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